Skip navigation

Noches frías y aire desértico, ha regresado mi ciudad de siempre. No entiendo por qué estuve sintiéndola diferente… o sería mejor preguntar, por qué estuve no-sintiéndola.

Otras cosas en qué pensar, seguramente. Las relaciones humanas se hacen con toda mi atención algunos días. Luego se acaban, los rostros se disuelven en el espiral del colectivo ordinario, en la interminable lista de acreedores en esta vida. Vuelvo a ser yo, y siendo apenas eso soy feliz. Camino ligero y con la mirada en alto, respiro profundo… respiro este aire tantas veces añorado y redescubierto. Miro alrededor, al horizonte y de ahí hacia abajo. Estoy aquí otra vez, incompleto y lleno de mí mismo, evolucionado, sereno y orgulloso por saber renunciar y ser abandonado.

Oigo a mis pensamientos tratando de ordenarse, haciendo eco en el amplio espacio que los acoge. Nada los guía, no necesitan satisfacer a nadie. He aprendido a tolerarlos, a envolverlos en plástico de burbujitas cuando molestan, a decirles “no” de vez en cuando e ignorarlos el resto del tiempo. Al menos saben estarse quietos y contentarse con mirar por la ventana, como yo.

Pasarán pocos días, más o menos, y me hartaré de su compañía, de la mía. Habré disfrutado lo suficiente de los espacios abiertos, habré tenido mi dosis de luz de sol y paz. Dejaré de sentir las piedras y el polvo, haré oídos sordos al bullicio de la urbe, convertiré mi entorno en escenario de utilería para el drama inocuo de mi aislamiento en grupo. Felizmente tampoco necesito más que eso.

[…]

¿De dónde saqué cuatro párrafos? Se suponía que iba a relatar cómo estuvo mi día. Tendrá que ser en otro momento, ahora estoy muy cansado, pero en resumen fue un buen día que me recordó que soy un comprador compulsivo. Y ese texto… imagino que me hacía falta escribirlo.

Anuncios