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Fulgores que surgen y luego anochecen acompañan las vidas con sus breves destellos. Son rostros afines, miradas de cielo, sonrisas sinceras que escapan con los vientos.

He visto sus rostros, tantos ojos mirarme. Los contemplo y los llevo conmigo, bruma que me envuelve con difusas ideas, como voces con eco. Quiero darles forma, renovar su color y sus acentos. Son más los que faltan, pues ya emprendieron vuelo. Salpicaron su brillo, me dejaron la estela de sus sueños, se fueron.

Yo también soy rostro pasajero, que ilumina un camino por instantes, que disfraza su pasar de permanencia. Voy levantando polvo que muy pronto se asienta. Paciencia. Habrá quien me recuerde como figura errante, como sonido sordo, como faro o espejo o paseante. Estaré en su memoria como en la mía están ellos, tan bellos.

Nadie busca grabar su nombre en roca. Nadie quiere seguir estando lejos. Déjame terminar, guardar los aparejos, y ceder el lugar a quien le toca.

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