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El despistado forastero que se aventure en nuestra urbe al volante de su automóvil sufrirá, antes que del mal de altura, de jaquecas provocadas por la desorganización de nuestro tráfico vehicular. “Es que nadie le hace caso a las señales” argumentarán algunos, y es muy cierto. Es gracioso, sin embargo, notar que uno de los orgullos de los paceños parece ser el lugar donde se justifica la voluntaria omisión generalizada hacia las instrucciones de circulación.

El Puente de las Américas, cuya inauguración recuerdo como si hubiera sido ayer (aunque me encontraba al otro lado del país en ese entonces), tiene, cosa inaudita, tres carriles de circulación. ¿Dos de ida y uno de vuelta? Tal vez… porque jamás admitiremos que son dos para los que vienen en sentido contrario, ¿cierto? Bueno, para zanjar disputas se instaló letreros que especifican horarios de uso del carril central para estos y aquellos, imagino que de acuerdo a estudios o al menos observaciones sobre las tendencias del flujo vehicular a lo largo del día.

Por supuesto, esos letreros son en verdad más legibles para el peatón que para el conductor, y como tal me encontré leyéndolos una mañana, camino al trabajo. La imagen 1 muestra el texto que vieron mis ojos… y estaba todo bien hasta que, avanzando unos pasos y mirando sobre el hombro, me encontré lo que muestra la imagen 2. ¡Se indica el mismo horario en ambos lados! Tal fue mi asombro que seguí pensando en ello hasta algo más tarde, cuando pasando junto al otro cartel que el puente tiene, lo entendí todo: “alguien” montó las dos partes de cada letrero de forma totalmente equivocada (véanse las imágenes 3 y 4). Y luego nos preguntamos por qué nadie le hace caso a las señales de tránsito.

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