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Cada estación o dos, si puedo, le doy un giro a mi cabeza. Saco las gavetas y las vacío sobre el suelo para formar montones y colocar cada cosa en su sitio. Siempre acabo hallando ideas perdidas por accidente o por descuido, y recuerdos que con buena razón quise olvidar. Me doy cuenta de que en mis cajones acepto mucha porquería, pero también mucha cosa bella mezclada con aquella… y es tiempo de hacer una limpieza, de ordenar la mente, de volver a lo básico y reencontrar el camino.

Tiro lo que no sirve y lo que no ayuda, pero conservo más lo que quiero que lo beneficioso. También, dejo pequeñas muestras de lo feo para no olvidar su aroma penetrante. Hago espacio para lo nuevo, lo que vendrá en las semanas adelante… y hago más lugar para lo que ya tengo, para lo amado y valioso, fuente de mis energías. Cae muy bien una limpieza antes del otoño. Ayuda a recobrar la lucidez perdida.

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