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Ya me había enterado de su existencia, y de la mejor fuente, por cierto. Sin embargo, es muy diferente verlo en persona y, como no podía ser de otra manera, le tomé una fotografía para la posteridad. Pero lo que llama la atención no es su combinación de colores ni su estratégico emplazamiento en una transitadísima esquina de Miraflores; ni siquiera la mención de un par de grupos musicales que, personalmente, considero buenos. Lo interesante de este vistoso y bien escrito pasacalles es cómo refleja la mala costumbre humana de aprovechar la intolerancia ajena en beneficio de la propia causa.

Religiosos, políticos, publicistas… cuando faltan los argumentos para atraer más, se ataca a la competencia. ¿Me gusta el reggaeton? No, ni un poquito, y a pesar de eso creo que hasta hoy a nadie he disuadido de escucharlo. Imagino que es porque me gusta que mis preferencias también sean respetadas.

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