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Finalmente estoy de vuelta en el ciberespacio, y mucho agradezco a quienes me han recibido aquí con palabras de cariño y aliento. Sin embargo, mi regreso ha ocurrido prematuramente, y no está completo. ¿Cómo podría estarlo? Llevo exactamente ocho meses (casi una gestación ya) de esperar a que se instale la conexión a Internet en mi domicilio.

A quienes puedan estar imaginando mi vivienda en algún inaccesible páramo debo decirles que hace varios años dejé de residir en el aislamiento del Pantanal boliviano. Era un buen lugar para descansar y llevar una existencia monótona, pero no para que se desenvuelva un Ingeniero de Sistemas. No señores, me encuentro nada menos que en La Paz, la segunda ciudad más poblada del país, muy orgullosa sede del gobierno nacional, “cuna de la libertad y tumba de tiranos“… y tantas otras cosas más que de nada sirven a la hora de tratar de acceder a algo tan elemental en el mundo del siglo XXI como una conexión a la Internet.

¿Cómo es posible que ni siquiera las más grandes prestadoras de servicios de red, Entel y AXS, hayan tenido la visión que hacía falta? Se inicia la construcción de un edificio que albergará a 110 familias en el céntrico barrio de Miraflores… ¡y a nadie se le ocurre que cualquiera de esos infelices podría querer colocar las fotografías de sus vacaciones en Flickr!

De acuerdo, de acuerdo, según las estadísticas del World Economic Forum, sólo el 5.2% de la población de Bolivia utiliza la Internet. Aún así, ¿era tan difícil y costoso instalar la acometida y el cableado mientras la obra estaba inconclusa? Bueno, con seguridad era menos difícil y mucho menos costoso que ahora, cuando la construcción está terminada. Y después nos extrañamos al saber que nuestro país ocupa el puesto 104 del ranking mundial de conectividad.

Sé que las cosas podrían ser peores, pero vamos, creo que después de ocho meses de espera me lo he ganado. Sabrán que tengo conexión en casa cuando la encuesta de esta página cambie… y es que, no sé, ya me está gustando la idea de la toma de rehenes.

¡Internet o muerte! ¿Qué queremos? ¡Red! ¿Cuándo? ¡Ahora!

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