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Viste tantos rostros, errante. Estorbaste corazones, te metiste en tantas vidas. Compartiste y te negaste, disfrutaste, añoraste, regresaste. Estás de vuelta en la nada, vacío, extrañando. Te cubriste la piel con el tejido abrigado de existencias ajenas, tan lindas, tan complejas. Viviste demasiadas vidas. Vives ninguna.

Tantos rostros te vieron, errante. Te metiste en corazones, estorbaste tantas vidas. Compartiste y te negaron, sufriste, te añoraron, te fuiste. Nunca debiste volver a la nada, vacío, a extrañar. Desnudaste tu ser de la pesada armadura contra las existencias ajenas, tan horrendas, tan insignificantes. Haz vivido demasiado poco. Sigues viviendo ninguna.

Circula, camina, anda ve y dile. No, mejor no lo digas. ¿Para qué estorbar más corazones, o vidas, o historias tejidas? Pisas y pasas al lado de universos únicos, tallados con lágrimas sobre corazones que alguna vez fueron de piedra. Bajo tus pasos no crece el pasto del piso, perenne y pútrido. ¿A dónde perteneces? Si has dejado pedacitos de tu alma por todo el globo… ¿cuál es tu hogar? ¿Quiénes son tus amigos de infancia? Tus paisajes añorados, ¿quién más los conoce? ¿Cómo dirás que la tienda de la esquina, con la viejita envuelta en mantas que vendía el pan en bolsitas de polietileno celeste, es parte de tu historia… si la dejaste atrás?

Ya ni siquiera recuerdas. ¿Cómo podrías? Y, ¿cómo distinguirías el recuerdo del sueño? Si de tanto pensarlo vuelves real la imagen, y el calor, y el hedor de la brea derritiéndose mientras esperas sentado en el estacionamiento por horas y horas, ¿cómo sabes que en efecto ocurrió? Los terremotos, la pizza recién horneada en la húmeda noche, el chillar sin fin de las cigarras, la comezón por todo el cuerpo, el olor a paz en la brisa de mar, la casa-barco, conducir por puro placer, llorar por estar enamorado, entrar al departamento por el vidrio roto en la ventana, una fila de tus automóviles favoritos… ¿existieron? ¿Se fueron, siguen contigo? ¿Qué te dan, qué te quitan, que te quitaron y dieron?

Viviste demasiadas vidas. Sigues viviendo ninguna.

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