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¿Quién no ha recibido alguna vez el absurdo mensaje reenviado que dice algo así como que IBM pagará unos centavos de dólar a cada pobre infeliz que lo remita a 20 de sus amigos, y otros pocos más cuando cada uno de esos veinte a su vez lo replique, siempre incluyendo una copia a la dirección del Fulano que supuestamente coordina esa campaña? ¿Y qué hay de aquel otro, que junto con la fotografía de un niño terriblemente enfermo, lleva un texto que insta a las “almas bondadosas” a reenviarlo a todos los que sea posible porque cada vez que eso ocurre Bill Gates regala un poquito de su vasta fortuna a los angustiados padres del pequeño? No es novedad decir que muchas variantes de estas patrañas (denominadas hoax en el mundo de la informática) circulan por la Internet. Tampoco es para sorprenderse (o tal vez sí, un poco) el que todavía haya personas que creen que alguien va a pagarles por hacer que la bandeja de entrada del ya mencionado Fulano reviente, o por sobresaturar los ya recargados servidores de correo electrónico de libre acceso. Lo que sí es interesante es que, de tanto rondar y molestar por ahí, parece que a alguien de los altos círculos estos mensajes engañosos le dieron una idea.

Se trata de la iniciativa I’m making a difference, que permite a los internautas comunes y corrientes contribuir (de verdad) con dinero (real) a causas benéficas (no ficticias), y sin costo alguno. ¿Cómo es posible eso? Resumiendo lo que se explica con muchas palabras en su sitio oficial: Microsoft dona a la causa elegida por el participante una pequeña porción de sus ganancias por la publicidad que muestra en, por ejemplo, la bandeja de entrada de Hotmail o el final de la lista de contactos de Windows Live Messenger. Así nomás, sin reenviar cientos de mensajes ni tener que pasar todo el día frente a la computadora.

Por supuesto, podemos imaginar muchas razones para lanzar una campaña como esta, desde las más altruistas hasta las, digamos, menos nobles (que, por cierto, son las favoritas de la mayoría cuando de Microsoft se trata). Mencionemos, por ejemplo, la búsqueda de una gran deducción de impuestos, una mayor difusión para sus productos y servicios de mensajería, o apenas el deseo de contar con una mejor imagen pública. Además, hay que notar que el programa sólo está disponible para residentes en los Estados Unidos, y que casi todas las contribuciones van a instituciones de allí mismo, que no es precisamente el lugar donde más se necesita donativos en nuestro atribulado mundo. De todas maneras, creo que ya era tiempo de que en algún lugar y de alguna forma las fantasías de beneficencia tan difundidas a través del correo basura se convirtieran en una realidad. Y ahora los dejo, porque debo ir a cobrar los diez millones de euros que gané en ese sorteo de correos electrónicos en el que no sabía que participé.

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