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Despierto a media madrugada con envidiable lucidez y ganas de dominar el mundo. Percibo que recibí un mensaje en el celular mientras dormía, interesante cómo tres palabras dan tanto en qué pensar. Decido seguir organizando mi interminablemente desordenada colección de música. Hoy trabajo sobre los discos de los Presuntos Implicados, y mientras tanto mi mente se inunda con recuerdos en forma de aromas y sensaciones; una veloz sucesión de imágenes en colores brillantes, detalladas al extremo de llevarme a pensar que incluyen información Exif. Y bueno, todos sabemos ya que soy un verdadero geek.

Mientras avanzan los minutos escucho “O descobrimento do Brasil“, de Legião Urbana. Atravieso las barreras del espacio-tiempo, mi existencia pierde su carácter lineal, todos los momentos que he vivido se sobreponen y forman una amalgama circular de tibios atardeceres y amores adolescentes. Existencia recursiva la mía, llena de retrasos, de repeticiones, de patrones predecibles. Existencia peculiar la mía, llena de sorpresas, de rostros únicos, de curiosidad. Me doy cuenta de que si hubiera tenido este espacio hace un par de años habría publicado la perfectamente descriptiva letra de “Vinte e nove“:

Perdi vinte em vinte e nove amizades por conta de uma pedra em minhas mãos. Embriaguei morrendo vinte e nove vezes; estou aprendendo a viver sem você, já que você não me quer mais. Passei vinte e nove meses num navio e vinte e nove dias na prisão, e aos vinte e nove com o retorno de Saturno decidi começar a viver. Quando você deixou de me amar aprendi a perdoar e a pedir perdão. Vinte e nove anjos me saudaram e tive vinte e nove amigos outra vez.

Claro, entonces sí tenía este espacio, pero supongo que de tanto ver los árboles perdí de vista el bosque. Espero que no me ocurra de nuevo. Irónico, esa ni yo la creo. Me saca del letargo una llamada de alguien que, de nuevo, cuelga antes de que conteste. Divertido a las 03:46, especialmente cuando sí llego a contestar y acabo con los últimos centavos que tiene en su cuenta.

Ahora no hay límites. Sin cansancio la proyección de instantes en mi cabeza se acelera. Son lugares, son personas, emociones, recuerdos que ni sabía atesorados después de tanto tiempo. Renuevo cariños, entiendo mejor razones, recupero tiempos perdidos y también lamento un par de cosas. No importa, a pesar de toda esa riqueza de colores y temperaturas, todavía pienso que las aventuras hacia adelante son mucho mayores. Creo que es mejor que ya vaya a dormir.

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