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No me considero un sujeto verde. Con cierta vergüenza debo admitir que en ocasiones me encuentro a mí mismo consumiendo agua en exceso o desperdiciando electricidad. De todas maneras, me entusiasma cuando las personas y mejor aún las instituciones toman iniciativas que buscan la conservación de los recursos naturales, la preservación de las especies y la reducción de la contaminación. Fue por eso que, una de esas noches en que hacía mis compras en el supermercado Ketal que hay cerca de mi departamento, recibí con alegría la sorpresa de ver mis comestibles y latas de cerveza empacados en sacos plásticos con el rótulo “Soy una bolsa biodegradable, no contamino, ¿y tú?”.

Yo sospechaba que eso era posible, disponer de plásticos biodegradables, pero como para mí esa idea no pasaba de una visión imaginaria con tintes de altísima tecnología no pensaba cruzarme con algo así, al menos no pronto. Y, sin embargo, estaban ahí en mis manos… con su textura particular… y un párrafo en letra pequeña (mi curiosidad aumentó)… que no decía biodegradable, sino oxo-biodegradable. “¿Existe alguna diferencia entre esos conceptos?”, me pregunté, y decidí investigar más sobre el asunto. Qué gran sorpresa me llevé.

Resulta que tras una breve búsqueda en la Internet (así, con mayúscula) encontré muestras de una notable controversia sobre las alegadas bondades de los materiales oxo-biodegradables, en la que la balanza parece inclinarse hacia el lado de las DESVENTAJAS (así, con mayúsculas) ambientales de utilizar estos materiales que, según dicen, disimulan y hasta aumentan la contaminación en lugar de reducirla.

Y bueno, el mambo ambiental no es mi área de especialidad, de modo que no estoy como para abrir una discusión técnica al respecto. Pero de todas maneras me resultan sumamente interesantes las diversas cuestiones que el asunto trae a la luz. ¿Qué tan responsables son las campañas de instituciones que afirman reducir la contaminación que generan, aunque no lo hagan de maneras óptimas? A su vez, ¿fomentarán estas iniciativas una actitud ecológica en los ciudadanos comunes? ¿O, por el contrario, darán lugar a una conducta más negligente con la excusa de que la basura que generan “no es dañina”? ¿Y cuál es nuestra actitud personal sobre la reducción de la contaminación? La nueva encuesta de este espacio pretende evaluar esta última interrogante. Y si bien las preguntas están planteadas pensando en nosotros los paceños (originales y “truchos” por igual) se agradecerá que todos los visitantes, sin importar su origen, puedan dejar su opinión.

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One Comment

  1. Resultados de la anterior encuesta:

    Si un amigo tuyo ve un OVNI tú…

    … te ríes en su cara. (8%)
    … te ríes en su cara dos veces. (8%)
    … simulas escuchar mientras recuerdas al cuerazo que viste más temprano. (8%)
    … escuchas y archivas en la zona de tu mente reservada para X-Files. (34%)
    … le sugieres maneras de corroborar sus observaciones. (34%)
    … te ofreces a ayudarle a salir de dudas. (8%)

    Mi interpretación de los resultados: Los OVNIs ya no provocan tanto escepticismo como en otros tiempos. De todas maneras, la mayor parte de las personas no se interesan lo suficiente en los fenómenos astronómicos en general como para que una observación anormal les parezca siquiera interesante. Y quienes afirman que harán esfuerzos por ayudarte a salir de dudas no sólo son una minoría, sino que también cambian de opinión fácilmente. Por cierto, la misteriosa luz en el cielo era la estrella Aldebarán, inusualmente brillante esa temporada (conclusión obtenida con ayuda del sistema Stellarium).


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