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Tengo ganas de mandar al Diablo todo, o mejor dicho, un par de cosas, e ignorar el resto. Tengo nostalgias que palpitan sobre sus mesas de autopsia. Tengo deseos de maldecir e insultar y dar trompadas. A la vez, quiero saber de dónde saco más silencio.

Tengo esta extraña sensación de que algo no me encaja en la cabeza, de que el bien cae por su propio peso en el lugar que se le ha designado desde siempre y que sin embargo no le pertenece. Quiero rayos de sol a las cinco de la tarde, recostarme contra una pared fría de ladrillo, esperando. Anhelo caminar por una calle mal empedrada para cerrar un sábado paseando por el sur. Tengo esas imágenes extrañas y queridas dando vueltas en mi cabeza, abusando de mis sentidos y poniéndome lento, pesado, de mal humor. Necesito viajar sin reloj ni compañía. Sólo una vez más, tengo que hacerlo.

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