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Toda persona es un universo. Algunos están formándose aún, otros están a punto de colapsar. Los menos han encontrado el equilibrio entre las fuerzas de creación y destrucción que existen en ellos. Los más ignoran todo el poder que reside en su interior, la capacidad de lograr cosas grandiosas, de cambiar la realidad, de alterar el flujo del tiempo. Muchos han sido cegados por supersticiones milenarias o de invención reciente, otros tantos se sienten prisioneros: de sus circunstancias, de su pasado, o de lo que muchos llaman destino. Y es apenas una pequeña fracción la que puede ver más allá de sus propias fronteras y observar, o más aún, asimilar las características de los universos que le rodean.

En colectividad el ser humano, con todos los errores que ha acumulado en siglos de existencia, continúa siendo un niño que no aprende de ellos, sino que los tolera y hasta los fomenta. ¿Será que es tan difícil lograr un cambio? Y lo que es peor, cuando un cambio ocurre, ¿por qué cuesta tanto aceptarlo? ¿Por qué la tendencia es regresar sobre los pasos que llevan al mismo proceder una y otra vez? Creo que antes que inteligencia, antes que fuerza, antes que salud y antes que fortuna los seres humanos deberían desear tener la capacidad de adaptarse, de cambiar en el camino la ruta que ha sido programada en sus cabezas para ser navegada en piloto automático.

He visto demasiado desprecio hacia el individuo. El que se aleja del rebaño es siempre rechazado. Si es varón las pasa negras, si es mujer las tiene peor aún. Se le asigna adjetivos, se le cree equivocado por principio, se le condena por la simple razón de que es demasiado esfuerzo abandonar el marco de referencia propio y ver las cosas desde otra perspectiva. Y al final muchas de estas mentes libres, de tanto sufrir y sentirse desamparadas, acaban regresando al grupo. No es que se adapten, realmente, sino que se dejan llevar; permiten que la masa que los rodea los empuje a un papel, al rol que algún perverso designio social les impone. Y al final, en lugar de buscar las sinergias positivas con sus universos vecinos, simplemente tratan de mantener la tradición sometiéndolos a su propia voluntad, o de quitárselos de enfrente.

Pienso que el adaptarte parte del evolucionar, del ser sincero sobre quién eres y lo que deseas, contigo y con los demás; y del reconocer a los demás, su lugar y su valor. Adaptarte significa aprender. Adaptarte significa dejar de seguir y crear tus propias ideas. Adaptarte no es someterte a la voluntad del grupo y tampoco rechazarlo, sino convertirte en alguien apto y capaz de contribuir a ese grupo a medida que las variables toman nuevos valores. Sí, adaptarte es sobrevivir… y vivir lo que realmente puede llamarse vida. Adaptarte es vencerte a ti mismo para encontrar tu verdadero lugar en el mundo, sabiendo que felicidad y suerte vienen de la mano de ese cambio. Nadie va a hacerlo por ti, cada uno tiene suficiente arreglando sus propios problemas. Y tendría que ser relativamente simple, porque creo que lo único que necesitas para poder adaptarte es ser un individuo fuerte. Pero no quiero teorizar más sobre eso todavía. Aún tengo mucho por limpiar en este departamento.

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