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Qué alegría es saberte diferente, tratar de ser correcto en todo lo que haces, pensar mucho en el otro y darte sin reservas, buscar la solución a los conflictos. Reconocer que te equivocas y que puedes ser tonto, triste, torpe… pero jamás traidor, ni un abusivo, ni cruel o despiadado. Y reírte de ti mismo como ya casi nadie, y dejar que los demás se rían de ti también, o contigo, como prefieras verlo. Ejercer gran paciencia, confiar en quien es débil, ignorar al presumido y a la superficial. Qué bonito es ser franco aunque a pocos les guste, conocer tus ideas y vivir según ellas aunque eso te haga objeto de fría condenación. Vestirte como quieres y comer lo que quieres y escuchar lo que quieres cuando quieres sentirlo. Llorar estando a solas, carcajearte con otros, y al día siguiente hacerlo al revés pero igual. Es lindo ser humano en ese diario actuar.

Qué alegría es saberte diferente, mirar de lejos a quienes llevan vidas dobles y reírte en silencio de su moral ambigua, del disimulo de su lujuria enferma que no admite que el deseo es algo tan normal, de sus caras blancas y estiradas al asistir a misa y de sus caras rojas y apenadas al soltar un “carajo” o un gas. Mantenerte en un camino separado, no por soberbia sino por ser muy simple, no por complejo sino por ser humilde. Qué digno no juzgar para no ser juzgado, y de todas maneras recibir maldición. Y entender de verdad lo que su Cristo dijo cuando instó a amar a otros pero no a convertir. Y saber de Mahoma, y Buda y otros santos, y todo el bien que hicieron a nuestra Humanidad. Tener fe, pero fe de la buena, la que mueve a la acción consecuente y veraz, la que te hace adecuado, no mejor ni peor. Es lindo ser honesto en tu lento crecer.

Qué alegría es saberte diferente, no tener tu vida en manos del destino o de algún caprichoso Dios inconsistente, herencia de las tribus del oscuro pasado, invento de los líderes para el control de masas, imagen en la mente de los niños que los mantiene a raya y en silencio. Es bueno ser el único culpable de tus logros, de tus éxitos, de tu evolucionar. Y es mejor aún entender que a nadie más que a ti debes agradecerle tus fracasos, tus culpas, los daños que cometes. Porque cuando miras un poco más de lejos ves que el pecado tuyo es bien para aquel otro, y que cuando tú plañes ellos ríen, y que tu orgullo a otros les da mucha vergüenza, y que el mundo no acaba si le robas un pan. Es muy bueno vivir por tus verdades, y excelente es no imponérselas a otros. Es lindo ser creyente, pero creyendo en ti.

Qué alegría es saberte diferente, reconocerte exactamente igual a todo el mundo. Y es que cuando percibes que bajo estos dos trapos estamos hechos siempre de carne semejante, aquellos y su estilo dejan de ser valiosos, al igual que la moda, al igual que la clase. Ni siquiera la piel hace gran diferencia, ya sea por su color, su salud o sus marcas. Cualquier rostro bonito, con su expresión tan fina, lleva una calavera sangrienta por detrás. Y si cuidas tu cuerpo y lo haces ser TU cuerpo, y no lo que otro piensa que se verá mejor, te sentirás feliz por tener el control de tus pasos, tus fuerzas, tu tiempo y tu dolor. Y le darás espacio al cultivarte adentro, a formarte, a aprender, a entender este mundo. Pero más importante, a entender al de al lado, y a saber cuándo darle un abrazo también. Es lindo ser hermoso por teléfono y carta.

Qué tristeza es saberte diferente, porque nunca encontrarás quien te acompañe. Eso es quizá lo peor de todo esto, el abandono que sufres si eres único por más que muchedumbres te rodeen. Y es que de cada cien, noventa y nueve te buscarán queriendo que hagas algo, que ayudes, que les des, que los levantes, que cubras sus falencias con tu manto. Y sabes que lo harás, por la esperanza de que el siguiente sea un poco diferente. Mientras tanto tus hombros cargarán pesos de otros, y tu espalda recibirá sus golpes, y tus ojos llorarán con sus tristezas, y tu risa brotará por quienes amas, aunque no lo merezcan. Y sabrás, bien en el fondo de tu pecho, que no habrá cambios, al menos no muy pronto, y que los diferentes seguirán estando aislados, absorbidos por la sociedad mezquina. Es horrible estar solo con tanta compañía.

Qué alegría es saberme diferente. No ser tú, no ser tu sombra, ser yo mismo; y siendo yo ponerte a ti primero. Qué alegría que es ser yo y así estar vivo.

 

 

 

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