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No han pasado tres semanas de la realización de nuestra Campaña en favor de los niños de las cárceles de San Pedro y Obrajes, pero siento que ha sido mucho más tiempo. Tal vez ya me había acostumbrado al frenesí de actividad que implicaron sus casi dos meses de preparación y es por eso que percibo el tiempo como corriendo muy lento. O es posible que, por el contrario, me haya involucrado en tantas actividades nuevas en esta temporada que la sensación de lo mucho logrado hace que esa tarde de miércoles se vea demasiado distante en mi memoria. Como sea, pienso que a estas alturas ya me es posible abstraerme de los tantos detalles implicados en la organización del evento para observarlo de una manera global, y evaluar las sensaciones que me dejó. Y aunque lamentablemente no tengo registros gráficos para apoyar mi relato (después de todo yo no estuve en el “centro de la acción” de la jornada, pues era apenas el que vigilaba la puerta), puedo asegurarles que la conclusión más evidente de este trabajo fue que…

1) … queda muchísimo por hacer.

Con la Campaña le dimos una tarde estimulante a poco más de 250 niños. Una tarde… eso es como el 2.3% de su semana, y mejor no hacemos las cuentas pensando en meses o años. Además, la población de menores viviendo en cárceles de la ciudad de La Paz bordea el millar. Si deseamos lograr una mejora apreciable en su calidad de vida (por lo menos en los ámbitos de salud mental, educación y recreación) debemos replicar eventos como este muchas veces a lo largo de cada año. Y bueno, esa es la idea, la experiencia del 19 de enero fue apenas el inicio de un proyecto de largo plazo que contempla ampliar los alcances y la frecuencia de las campañas. Sin embargo, para mí fue una pena notar que…

2) … a los medios de comunicación no les interesó nuestro evento.

De todas las cadenas de televisión, radioemisoras y periódicos invitados a cubrir la Campaña sólo uno se hizo presente, fruto de lo cual publicó al día siguiente una fotografía acompañada de un pie de cuatro líneas. ¿A qué se debió tal ausencia, cuando los noticieros del medio día suelen reportar sobre baches en las calles y exposiciones de mascotas? Pues creo que, aparte del poco interés de la mayoría de la audiencia sobre esta clase de iniciativas, la mayor razón fue que no la desarrollamos bajo la sombra de alguna institución reconocida. ¡Y claro que no lo hicimos! “Pintando Sonrisas” es una iniciativa privada de un grupo de voluntarios que desarrollan actividades en artes escénicas… y eso a casi nadie convence. Tanto así que…

3) … nos resultó difícil conseguir auspiciadores.

Aunque todos los que participamos en la organización de la Campaña realizamos contribuciones monetarias a diferentes aspectos de su desarrollo, proporcionar refrigerios a unas trescientas personas entre niños y voluntarios a cargo de su cuidado requería fondos con los que no contábamos. Ante esta limitación, decidimos recurrir a algunas de las mayores compañías del área alimenticia y de distribución presentes en nuestra ciudad. ¿Cuál fue el resultado? Tres de ellas respondieron positivamente, aunque sólo a cambio de menciones publicitarias, y dos de ellas lo hicieron el día previo a la realización del evento. ¿Qué falló ahí? Una vez más, desde mi punto de vista, el no contar con algún respaldo institucional notable que agilizara la negociación con las empresas, pues por lo que pude observar las contribuciones individuales fueron mucho más rápidas y constituyeron el 50% de los refrigerios distribuidos. Porque, es cierto, recibimos muchísima ayuda de un pequeño grupo de individuos bien dispuestos. Y digo “pequeño” porque, cuando se trata de esta clase de iniciativas…

4) … muchos tienen ideas y sugerencias, pero pocos quieren participar en implementarlas.

“Hagan algo en favor de los animales abandonados”, “¿Incluirán a los niños de [tal institución]?”, “Existen grupos que requieren más atención, como los ancianos”… Y yo les pregunto, considerando que esta Campaña fue ideada, organizada y llevada adelante por un puñado de voluntarios sacando tiempo de sus rutinas habituales, ¿qué impide que las demás personas se organicen y brinden ayuda de alguna forma parecida, cada quien de la manera que considere más adecuada y a quienes le parezca más propicio? No hace falta contar con mucho dinero, apenas con voluntad y calidad humana. Porque, eso sí, puedo asegurarles que…

5) … las personas que conocí realizando este trabajo valen mucho.

Pienso en quienes transportaron los víveres, en quienes los dividieron en porciones individuales, en quienes los repartieron el día de la Campaña. Pienso en quienes escribieron cartas para las empresas, y en quienes distribuyeron volantes invitando a la fiesta que organizamos para recaudar fondos para el transporte de los niños. Pienso en quienes estuvieron temprano en el Parque “La Florida” para acomodar todo, y en los que se fueron tarde luego de desmontar toldos y recoger mesas y sillas. Pienso en los artistas y en el contingente del Centro de Adiestramiento de Canes de la Policía que, sin solicitar retribución a cambio, entretuvieron a los asistentes. Pienso en quienes hicieron decenas de llamadas telefónicas como parte de las gestiones de organización, y en quienes de buena gana se hicieron responsables de grupos de niños a los que no conocían, pero a quienes consideraban dignos de recibir su atención y ayuda, entre ellos un equipo de Cebras del Gobierno Municipal. Pienso en todas esas personas, a la mayoría de los cuales no he vuelto a ver aún, y se fortalece mi fe en la Humanidad y su capacidad de por fin ponerse de pie y crecer como especie.

Comparada con los problemas que existen, nuestra Campaña fue como una bandita para el alivio de alguien que ha sufrido quemaduras en todo el cuerpo, es verdad. Y, sin embargo, a mí me parece un logro muy importante. ¿Por qué? Porque demuestra que es posible colaborar mucho más. Sólo hace falta querer hacerlo.

 

 

 

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