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Un buen reloj es el que te acompaña. Un buen reloj es el que va a tu ritmo. Te trata con cariño a su manera: te despierta su familiar zumbido, te protege del sol lo más que puede, te da un sustito frío de vez en cuando y es para recordarte que estás vivo. Nunca te dejará si tú no quieres, a menos que un extraño se lo imponga; y allí te esperará, donde lo dejes, como un guardián celoso por su ronda. Un buen reloj se mezcla con tu estilo, pues no querría causarte una vergüenza; y deja que lo muestres al vecino, prestándote su nombre, su nobleza. No escucha tus problemas, ni te abraza, pero marca también tus horas negras. No tiene corazón, ni le hace falta: su cuerpo entero late y se te enreda. Es mejor que un amor por lo constante, elimina el temor por lo preciso, y aunque podría cobrarte su servicio le basta con tan solo contemplarte. No te regañará si no lo cuidas, lo peor que pasaría es que se te muera; mas como samurai de fiel espada no evita el enfrentar esa condena. Un buen reloj te da y casi no pide, se hace parte de ti y de tus segundos, está a tu lado si lo necesitas dispuesto a despedirte cuando partas.

 

 

 

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