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Desde sus inicios el ser humano fue un explorador innato; siempre que veía un horizonte, se preguntaba qué había detrás de él. Esa ansia por descubrir lo llevó a desarrollar tecnología: primero carros tirados por animales y naves con remos y velas; luego vehículos motorizados que surcaron la tierra, el mar y el aire. El ser humano cumplió así su más preciado sueño de la antigüedad, pero suspendido en las alturas, siguió preguntándose que había más allá. Y no se detuvo; diseñó instrumentos de observación cada vez más potentes y artefactos que podían sacarlo de la delicada protección de su atmósfera hacia la inmensidad desconocida… pero, entonces, algo cambió. Después de dar un vistazo al cosmos, después de sacar el pie al umbral de la puerta, se dio por satisfecho. Y aunque unos pocos de entre sus individuos continuaron preguntándose qué había detrás de esos horizontes recién descubiertos, la Humanidad como conjunto optó por vivir usufructuando los beneficios de las exploraciones de siglos pasados.

Es lamentable y terrible, pero el ser humano de este Siglo XXI ya no desea sumergirse en la más profunda de las fosas del océano, ni escalar la montaña más alta, ni sobrevivir cruzando el más árido desierto; lo que desea es verlo en alta definición y, si posible en 3D, mientras se atiborra de comida sobre un sillón. La Humanidad se ha convertido en una espectadora de su propio destino, en la pasiva receptora de los frutos del trabajo de quienes todavía sienten inquietud por el descubrimiento. Eso tiene que cambiar. Tiene que ponerse un alto a la creencia de que los héroes modernos son aquellos que acumulan más dinero y conquistan más mujeres. El ser humano tiene que ser sacudido de su estado letárgico y despertar a la realidad que lo rodea: hermosa, inmensa e inexplorada. Y si para eso hace falta que unos pocos de entre ellos lo abandonen todo en búsqueda de la mayor aventura imaginable en este tiempo, quiero estar entre esos pocos. Este es el día de reunir a los que aún tenemos ansia por descubrir, este es el día en el que los que aún somos exploradores natos debemos trabajar juntos y garantizar que nuestra especie siga creciendo.

Este texto acompaña mi formulario de inscripción en el programa Mars One. Pero antes de que vaya a conjeturarse sobre mis motivos, quiero dejarles algo claro: no es un sentimiento de decepción o despecho el que me hace desear partir de este planeta. Me ofrezco como voluntario en este proyecto porque me impulsa la confianza de que aún existe esperanza para nuestra especie a pesar de todas las atrocidades que le vemos cometer. Sí, también a pesar de todas esas pequeñas cosas sobre las que estaré escribiendo en mis entradas futuras.

 

 

 

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