Skip navigation

No serás tú, que lees estas palabras por accidente. No será la muchacha que reía de mis comentarios mientras esperábamos a que empiece la película. Tampoco los hermanos que no tengo, o mis inexistentes hijos. Y mis padres… a mis padres no quiero echarles ese peso. O, mejor dicho, este peso. Ochenta y cinco kilogramos, ni más ni menos, pero sí más dependiendo del féretro. Es una pena que yo no pueda hacerlo. ¿Quién va a cargarme cuando haya muerto?

 

 

 

Anuncios