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Dale un pescado a un hombre y saciarás su hambre por un día. Entonces, cuando lo encuentres nuevamente, te mirará con una sonrisa tímida y agradecida. Pensarás que es probable que siga con hambre, así que le darás otro pescado. Y otro más, cuando vuelvas a encontrarlo la siguiente mañana. Él te saludará, el martes respetuoso y amigable, y el viernes animado y familiar. Te comentará lo bien que le cae tu pescado diario, cómo recupera la salud poco a poco. Además, sabe muy bien, pero seguramente quedaría mejor acompañado de un poco de pan, o unas papas, o una ensalada sencilla. Vamos, ¿por qué no probar cómo quedaría con los tres la semana que viene? Y el mes siguiente te sugerirá algunos sitios donde, según dicen, se puede pescar ejemplares más grandes. ¿Viste qué buen resultado dio su consejo? Eso merece una recompensa… ¿tal vez en la forma de un segundo pescado diario? Porque, verás, con dos pescados sí podría saciar su hambre bien saciada, ganar un poco de peso, ponerse fuerte. Que sean dos, entonces, y con algo extra para el fin de semana, ¿no? Piensa, además, en que vienen las Fiestas. Pero no, no te pongas así, que yo jamás me portaría abusivo. Vamos, ya, dejémoslo en sólo dos al día. Por cierto, te presento a este mi amigo… él también tiene un poco de hambre.

 

 

 

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